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lunes, 11 de abril de 2011

"Desde mis sueños"

Voy a dejar un pequeño fragmento de uno de mis relatos. Y como no sabía qué rescatar, haré el "copia y pega" pertinente de lo que he podido adelantar de éste en el día de hoy. No vale plagiar, conforme escribo, registro, así que esto ya es propiedad intelectual de su autora: yo.



"Su rostro reflejaba una vida plena, las arrugas que adornaban sus profundos ojos castaños llenos de brillo se hacían más evidentes cuando las acompañaba su sonora risa surcando sus mejillas. Sus cabellos teñidos de gris plata rozaban su frente sin pudor alguno y su expresión serena le otorgaban un aire de cercanía. Tenía ante sí, nada más y nada menos, a la mujer que cambiaría su vida.

Gabriel se detuvo frente al dueto de mujeres que conversaba tan alegremente, perplejo, ensimismado por el placer que suponía haber dado al fin con ella, cortejado por el éxito.


Amelia aún desconocía por qué aquel joven de cabello alborotado y aspecto desaliñado había clavado de forma tan descarada su mirada perdida en ella. Pero no tardó en descubrirlo.

Aguardó ansioso a que ambas mujeres se despidieran y en cuanto lo hicieron, en una ataque de valentía, se dirigió hasta ella sin titubear. Había estado buscándola demasiado tiempo, había tenido que recorrer un arduo camino para poder mirarla a los ojos, para poder arrojar algo de luz a las preguntas que lo acompañaban en su viaje. Era ella, Amelia, la famosa Amelia.


Con su habitual seguridad extendió su mano derecha hacia ésta con el fin de presentarse formalmente y sin reparar en los puños desgastados de su camisa que se columpiaban sin mesura ante la falta de un botón. Apenas pudo pronunciar la primera sílaba de su nombre, Amelia lo interrumpió con un tono en su voz similar a un susurro. -Sé quién eres y por qué has venido hasta aquí-

El semblante de Gabriel se congeló, y sólo pudo esbozar un leve intento de sonrisa propio de la emoción que le provocaba Amelia. Tardó en reaccionar, sus pupilas delataban su impaciencia. Amelia lo tomó del brazo y apresurando el paso lo empujó hasta la cantina más próxima. Allí se desarrollaría la segunda conversación entre ambos que tanto había anhelado nuestro intrépido Gabriel.

Él se dejó arrastrar hasta aquel agujero al que jamás se le hubiera ocurrido entrar ni en un descuido y que nunca habría asociado con Amelia. Era oscuro, ni siquiera podía penetrar en él un ápice de luz gracias a las cortinas opacas que vestían los grandes ventanales que daban a la calle. Era un lugar sumamente lúgubre, impropio de las encantadoras calles adoquinadas iluminadas por el enorme sol que lucía el día.

Amelia aceleró el paso entre las mesas vacías de aquel cementerio en vida y abrió una puerta apenas perceptible entre tanta oscuridad. ¡Y se hizo la luz! Tras esa tétrica estampa no podía imaginar que se albergara semejante jardín. La inesperada sorpresa le reconfortó y se sintió aliviado al observar que Amelia torcía el gesto indicándole que se sentara junto a ella en uno de los bancos de piedra grisácea que rodeaban la fuente central. Su paseo había concluido, era hora de hablar.


Amelia se deshizo en un profundo suspiro y dirigió su vista hacia los flamantes ojos de Gabriel, un Gabriel ávido de leer en ellos las respuestas que tanto deseaba."


Y hasta aquí pueden leer...

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