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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.
jueves, 28 de julio de 2011
Y me voy, y me voy, y me voy...
No soy envidiosa y admiro a muy poquitas personas. En mi naturaleza no viene de serie aplicar razones al éxito ajeno como la suerte, los contactos, el famoso caballero Don Dinero...
Entre esas personas dignas de mi total admiración, merece mi pleitesía la gente capaz de todo. Los que se lanzan a correr en la dirección opuesta a la multitud que los arrastra. Esas personas que parecen desoír los consejos de quedarse quietos, aguantar y deciden sin más, cambiar el rumbo.
Es lógico, tiene sentido. Si algo no te gusta, cámbialo. Si no obtienes el resultado que deseas; no hagas siempre lo mismo.
Personas obstinadas que pese a "los tiempos que corren" se afanan en cumplir sus sueños y en poner en práctica las ideas que su mente inquieta no deja de transmitirles.
Personas capaces de montar una inmobiliaria y hacer que funcione en medio de la crisis. O hacer resurgir de la forma más chispeante una vieja librería que ya nadie visita, llenándola de encanto y haciendo que me tienten las ganas, muchas veces, de bajar en pijama y descalza a echar un vistazo entre sus estantes llenos de secretos.
Personas que quieren irse y se van.
Dicen que sólo es posible ser feliz en la ciudad en la que no se vive. Puede que esa frase tenga algo de razón, conozco a muchas personas dispuestas a firmar en cualquier sitio con tal de "perderse". Pero a muchas de esas personas lo único que les ocurre es que desean perderse de vista a sí mismas. También están las que se pasan la vida con la maleta hecha, el pasaporte en vigor, la puerta entreabierta y el teléfono del taxi entre las últimas llamadas.
Hace unos días me encontré a un amigo por la calle, supe hace varios meses por su boca, que planeaba irse unos meses fuera, y mi pregunta fue: ¿No te has ido?
Le sorprendió gratamente, porque me confesó que lo único que oye cuando se tropieza con alguien que no ve desde hace tiempo es si ya ha vuelto y entonces él les pregunta que de dónde.
Las personas que se están yendo son los que atribuyen sus buenos resultados al azar y no al hecho de haberse preparado a fondo para ello. Los que para coger una maleta y marcharse necesitan saber con exactitud cómo funciona la asistencia sanitaria e incluso, se obligan a aprender el idioma o las costumbres antes de poner un pie en tierras ajenas. Los que están con la maleta hecha y no se han ido, no se van nunca.
Ni un minuto más
No puedo quedarme por más tiempo.
No soporto la idea de permanecer aquí.
No huyo, porque nada ni nadie me persigue.
Me voy para coger aire porque me asfixio.
Y cuando retorne al punto de partida, todo será distinto.
Yo, seré distinta.
miércoles, 27 de julio de 2011
La chica del vestido de flores
Aquella joven llamó su atención, su vestido de flores blanco y negro hizo que volviera su vista hacia donde estaba y se detuviera en ella.
Tenía un aire de familiaridad, aquella percha le recordó a alguien, o quizás una escena ya vivida. Pero tenía la absurda sensación de conocerla. Agitó la cabeza, como si al hacerlo, aquel pensamiento fuera a esfumarse. Tal vez, aquella joven viajaba en el tren todas las mañanas y por eso le resultaba conocida, y simplemente su vestido de flores, había hecho que acaparara su atención, por vez primera, de forma consciente.
Ambos se apearon en la siguiente parada. Y atónito observó como pasaba a su lado y le dedicaba una hermosa sonrisa. Se paró en seco mientras los pasajeros que entraban y salían hacían que se tambaleara sobre sí mismo. Y la observó caminar, ya lejos. Se pintó una triste acuarela en sus ojos, se esfumaba aquella bonita estampa de la chica del vestido de flores. Aquella silueta perfectamente definida, sus hombros al descubierto acariciados por la finas hebras de sus cabellos recogidos sin tino, y unos ojos jamás vistos tras sus gafas de sol.
Ella se levantó de un salto de la cama, con el tiempo justo para darse una ducha y enfundarse el mismo vestido que llevaba la noche anterior. Dio un pequeño sorbo al café que le esperaba en la mesa, se despidió con un gesto y cerró la puerta. Su reflejo en el espejo del ascensor hizo que buscara torpemente en su bolso sus oscuras gafas de pasta negra. Recogió su espesa melena sin mucha suerte y se subió al primer tren que salía con destino al centro.
Él, cada mañana, buscaba entre los pasajeros a la misteriosa joven del vestido de flores. Ella, jamás volvió a ponerse aquel vestido. Y, durante años, ella tomó el tren de las ocho y él el de las ocho y cuarto.
martes, 19 de julio de 2011
La ley de la búsqueda
Una fuerza que te empuja y te obliga a escucharte a ti mismo. Que te impide seguir viviendo la misma vida. Que te hace decir: "no sé estar aquí". Una ley llena preguntas que jamás pensaste que llegarías a hacerte después de haber participado activamente en crear lo que hoy te planteas.
La necesidad imperiosa, que todos hemos podido sentir alguna vez de salir corriendo e irnos lejos, muy lejos, se multiplica por mil. Y seguir parado en el mismo sitio, asfixia.
Todos queremos que nada cambie, nos resignamos a vivir infelices porque nos da miedo el cambio.
Nos aterra la idea de cambiar y que no salga bien y preferimos conservar lo que está mal. Nos conformamos, nos lapidamos en vida por miedo. Renunciamos a nuestro equilibrio por seguridad, por materialismo. Preferimos someternos y aferramos a lo que sí tenemos a toda costa. Nos llenamos de apegos y soñamos con que mágicamente todo cambie. Nos quejamos sin derecho a hacerlo porque no hacemos nada al respecto. Llenamos nuestro propio vacío con otras personas, con cosas. Nos distraemos de nosotros mismos. Pretendemos que nos toque la lotería sin comprar un décimo.
Tomar la decisión de decirte a ti mismo que lo que haces no es lo que realmente deseas hacer, que tu trabajo no es tu profesión, que caminas solo junto a alguien... Y que esa felicidad no es más que un espejismo porque cuando sonríes no lo hace cada poro de tu piel, es lo más sensato.
Si tienes el valor de dejar atrás todo lo que conoces, todo lo que te protege, te da seguridad, te consuela y te embarcas en un viaje en busca de ti y de la verdad, ya sea interior o exterior. Si estás dispuesto a desprenderte de tus miedos, de tus rencores, de tus posesiones, a perdonar a otros y perdonarte a ti mismo, si te concedes la dura y a la vez maravillosa experiencia de permitir que todo lo que te pase y a todo el que te encuentres en ese viaje te enseñe algo, te aporte algo. Entonces te encontrarás a ti mismo y hallarás la verdad.
La ley de la búsqueda es transformación y este mundo necesita oleadas de transformación.
domingo, 17 de julio de 2011
Carpe Diem
Vive el momento, tu hoy...
Disfrutar del instante, de lo que haces poniendo toda tu atención, tus cinco sentidos, tu cuerpo, tu mente... Disfrutar de cada ratito como se merece.
Cuando estás a todo, no estás a nada.
Cuando te adelantas a tu hoy pensando en el mañana, te lo pierdes.
Cuando miras atrás pensando en el ayer, también.
Ser capaz de saborear cada día, cada mañana y cada momento.
Saber qué cosas hacer y qué no hacer a la vez.
Ser consciente de que la vida es un verbo y no un adverbio temporal.
Que nunca es demasiado tarde y siempre una posibilidad.
Que puedes tenerlo todo, perderlo y volverlo a recuperar, pero el tiempo que inviertes no.
Que la piel se arruga, pero el alma, sólo si quieres.
Que cumplir años es motivo de celebración.
Libre, feliz. Sin miedo.
Con el único y firme compromiso de ser uno mismo.
Con la certeza de lo incierto.
Con el alivio de no fallarse.
Los buenos momentos, los ratitos que se enmarcan felices en el recuerdo, son aquellos en los que hemos estado al cien por cien de nosotros mismos. Los que hemos saboreado, palpado, disfrutado... Vivido.
"Carpe diem quam minimum credula postero". Aprovecha el día, no confíes en mañana.
viernes, 15 de julio de 2011
No quise...
Pude vestirlo con palabras suaves, finas, delicadas...
Quizás debí hacer caso a lo que su cuerpo me decía.
Interpretar con tino, ser menos honesta, guardar ases en la manga.
Puede haberle callado con un beso en más de una ocasión, y sin embargo, no quise.
Podría haber sacado una sonrisa de sus labios llenos de negras mentiras.
Dejar volar mis sentimientos.
Sentarme a su lado y escuchar su corazón.
Podría haber pintando un bonito final a aquella cena.
Escribir páginas de hielo que hoy yacerían derretidas.
¡Y qué más da cuánto hubiera hecho!
Si en lugar de escapar me hubiese quedado quieta.
Si me hubiese quedado quieta...
¡Ojalá el miedo que sentía me hubiera paralizado!
Pude haberme quedado entre sus brazos para siempre, y sin embargo, no quise.
Opiniones
Escribí sobre este tema hace tiempo, pero... ¡Ahí va eso!
Pues como todo, contradicción. No quieres atarte, entregarte, hablar de hipotecas o de compromiso, hasta que no llega la persona que hace que todas esas cosas se miren desde otro punto de vista y dejen de sonar tan mal en tu cabeza. Incluso puede que tropieces con esa persona sin darte cuenta y no estés en el momento idóneo. Y no se trata de aferrarse a la turbia idea de: "el tren solo pasa una vez" o peor aún, "sí, te encontré, ahora espera un poco que tengo que vivir la vida y ya si eso te voy a buscar luego".
Habrá personas para las que el fin último de su existencia sea pasar por una vicaría y lucir una bonita alianza en su dedo anular, tener descendencia y una pesada hipoteca que pagar todos los meses durante cuarenta años. ¿Qué más dará?. Quien no cree en la Iglesia, no debería pasar por ella, a quien le preocupa que pase algo y su pareja quede cubierta, contratará un seguro, quien no crea en la propiedad privada, vivirá de alquiler...
Todas las formas de entender, valorar y vivir las relaciones, son igualmente respetables. La cuestión no es esa, la cuestión es conjugar el verbo vivir y allá cada uno con sus creencias y el respeto o importancia que a éstas les conceda.
No creo que la felicidad de una persona esté en manos de algo o de alguien.
No creo en la dependencia, en la anulación, en el chantaje emocional, en los celos...
No creo en la intimidad con un desconocido. Creo que hay que desconocer a la personas de cuando en cuando.
Creo en la libertad, en la honestidad, en la sinceridad, en la grandeza que implica la palabra AMOR.
Creo que dos personas jamás se encuentran por casualidad.
Creo que, que dos personas conecten, es sumamente difícil.
Creo que el que alguien te entienda y lo entiendas, es más un sueño que una realidad.
Creo que sentirlo y que la otra persona también lo sienta, es poco probable, pero no imposible.
Si apartara el capricho, el deseo, la pasión, la atracción, la ternura, el cariño, la necesidad, el afecto, la complicidad, la química, las hormonas, la admiración, y un largo etc. podría clasificar los tipos de "relaciones" que a día de hoy se viven.Y si los unes todos, tienes AMOR. Y afortunado quien se tropieza con alguien en la vida capaz de provocar tantos sentimiento en él. Capaz de revolucionar sus ideas, sus pensamientos y vuelva patas arriba su vida entera al tiempo que la llena de tranquilidad, de paz, de armonía... Porque ese sentimiento común y pocas veces alcanzable, dista mucho de un "me gusta".
Adictos al chispazo inicial que se aburren en cuanto miran en otra dirección y cuando la química de su cerebro los abandona corren en busca de un nuevo chispazo.
Las personas desconfiadas que vivieron una mala experiencia y se niegan a desprenderse de tan pesada carga.
Quienes pagan sus iras y frustraciones con la otra persona.
Para quienes conjugar el verbo amar implica que la otra persona se convierta en un objeto de su propiedad.
Quien se refugia en relaciones cortas por no quedarse ni un instante a solas consigo mismo y que no las alarga por temor.
Quien piensa que socialmente estar solo está mal visto y es un símbolo claro de que algún defecto ha de tener, que si está solo es por algo o simplemente, en su círculo, estar solo le resta estatus.
Personas cuya autoestima debe ser vanagloriada constantemente con un desfile de hombres o mujeres por su vida.
Para quienes caminar junto a alguien se convierte en el eje de sus vidas y ya no existe la palabra soledad y todo han de hacerlo con esa persona.
Al final todo versa sobre lo mismo. Personas.
Y en este tema me vuelvo radical.
Las personas vivimos etapas, etapas en las curamos nuestras heridas de guerra ocasionadas en la dura batalla de vivir. Nos suceden cosas, buenas, malas... Nos equivocamos, nos caemos, nos levantamos, nos herimos, nos maltratamos, nos desgastamos, nos olvidamos... Pero quien aprovecha la herramienta de la inteligencia sabe que la decisión más acertada es dejar atrás lo malo, quedarnos con lo bueno, aprender todo lo que sea posible aprender de la experiencia vivida y seguir adelante sin arrastrar miedos, reproches, recelos...
Solo siendo libres, se puede amar.
Y aquí enlazo lo que en su día escribí:
Pues como todo, contradicción. No quieres atarte, entregarte, hablar de hipotecas o de compromiso, hasta que no llega la persona que hace que todas esas cosas se miren desde otro punto de vista y dejen de sonar tan mal en tu cabeza. Incluso puede que tropieces con esa persona sin darte cuenta y no estés en el momento idóneo. Y no se trata de aferrarse a la turbia idea de: "el tren solo pasa una vez" o peor aún, "sí, te encontré, ahora espera un poco que tengo que vivir la vida y ya si eso te voy a buscar luego".
Habrá personas para las que el fin último de su existencia sea pasar por una vicaría y lucir una bonita alianza en su dedo anular, tener descendencia y una pesada hipoteca que pagar todos los meses durante cuarenta años. ¿Qué más dará?. Quien no cree en la Iglesia, no debería pasar por ella, a quien le preocupa que pase algo y su pareja quede cubierta, contratará un seguro, quien no crea en la propiedad privada, vivirá de alquiler...
Todas las formas de entender, valorar y vivir las relaciones, son igualmente respetables. La cuestión no es esa, la cuestión es conjugar el verbo vivir y allá cada uno con sus creencias y el respeto o importancia que a éstas les conceda.
No creo que la felicidad de una persona esté en manos de algo o de alguien.
No creo en la dependencia, en la anulación, en el chantaje emocional, en los celos...
No creo en la intimidad con un desconocido. Creo que hay que desconocer a la personas de cuando en cuando.
Creo en la libertad, en la honestidad, en la sinceridad, en la grandeza que implica la palabra AMOR.
Creo que dos personas jamás se encuentran por casualidad.
Creo que, que dos personas conecten, es sumamente difícil.
Creo que el que alguien te entienda y lo entiendas, es más un sueño que una realidad.
Creo que sentirlo y que la otra persona también lo sienta, es poco probable, pero no imposible.
Si apartara el capricho, el deseo, la pasión, la atracción, la ternura, el cariño, la necesidad, el afecto, la complicidad, la química, las hormonas, la admiración, y un largo etc. podría clasificar los tipos de "relaciones" que a día de hoy se viven.Y si los unes todos, tienes AMOR. Y afortunado quien se tropieza con alguien en la vida capaz de provocar tantos sentimiento en él. Capaz de revolucionar sus ideas, sus pensamientos y vuelva patas arriba su vida entera al tiempo que la llena de tranquilidad, de paz, de armonía... Porque ese sentimiento común y pocas veces alcanzable, dista mucho de un "me gusta".
Adictos al chispazo inicial que se aburren en cuanto miran en otra dirección y cuando la química de su cerebro los abandona corren en busca de un nuevo chispazo.
Las personas desconfiadas que vivieron una mala experiencia y se niegan a desprenderse de tan pesada carga.
Quienes pagan sus iras y frustraciones con la otra persona.
Para quienes conjugar el verbo amar implica que la otra persona se convierta en un objeto de su propiedad.
Quien se refugia en relaciones cortas por no quedarse ni un instante a solas consigo mismo y que no las alarga por temor.
Quien piensa que socialmente estar solo está mal visto y es un símbolo claro de que algún defecto ha de tener, que si está solo es por algo o simplemente, en su círculo, estar solo le resta estatus.
Personas cuya autoestima debe ser vanagloriada constantemente con un desfile de hombres o mujeres por su vida.
Para quienes caminar junto a alguien se convierte en el eje de sus vidas y ya no existe la palabra soledad y todo han de hacerlo con esa persona.
Al final todo versa sobre lo mismo. Personas.
Y en este tema me vuelvo radical.
Las personas vivimos etapas, etapas en las curamos nuestras heridas de guerra ocasionadas en la dura batalla de vivir. Nos suceden cosas, buenas, malas... Nos equivocamos, nos caemos, nos levantamos, nos herimos, nos maltratamos, nos desgastamos, nos olvidamos... Pero quien aprovecha la herramienta de la inteligencia sabe que la decisión más acertada es dejar atrás lo malo, quedarnos con lo bueno, aprender todo lo que sea posible aprender de la experiencia vivida y seguir adelante sin arrastrar miedos, reproches, recelos...
Solo siendo libres, se puede amar.
Y aquí enlazo lo que en su día escribí:
Vivimos en un mundo en que el amor en mayúsculas se ha desvirtuado tanto, que ya se distingue entre que alguien te guste, te atraiga, lo quieras, tengas sentimientos, estés enamorada o lo ames. Me hace muchísima gracia cuando escucho todas esas definiciones y categorías que se crean las personas para... ¿Para qué?
Los sentimientos nacen, surgen, se reproducen, se transforman, se alimentan y a veces, se mueren. Pero el amor, es el AMOR.
Esa chispa, esa embriaguez con fecha de caducidad es tremendamente poderosa, incontrolable, irrefrenable, divertida. Pero, ¿que queda después? Pues el amor.
Amar a alguien durante toda una vida, es amar. El enamoramiento es limitado, te ciega, te obnubila y distrae, el amor es lo que queda tras él, la realidad, la autenticidad, los defectos, las virtudes... El amor perdura, mejora con los años, el enamoramiento se esfuma, tal como llega, un día se marcha, pero ¿quién dice que se marcha? ¿Acaso no es un sentimiento que se transforma?. ¿Qué o quién te dice que ya no estás enamorado? ¿La química de tu cerebro? ¿las mariposas de tu estómago? Amar, enamorarse. Para amar hay que enamorarse, para enamorarse hay que creer en el amor.
Tras la chispa, surge el miedo a que nos rompan el corazón y no amamos, no queremos amar, nos negamos a hacerlo. Si no amas, no te rompen el corazón, pero ¿qué sentido tiene conformarse con menos de lo que es el amor?
Cuando una relación no sale como esperamos o deseamos, siempre podemos aprender algo de ella y salir reforzados de cualquier experiencia. Toda experiencia es enriquecedora. Que algo suceda como no deseamos, muchas veces, es lo mejor. Salir reforzados no implica arrastrar miedos ni generalizaciones, hay que ser libres y no cargar con una maleta a cuestas que nos impida poder volar cuando así lo deseamos. Tener miedo es equivalente a no querer amar y cuando te cierras a eso, no queda otra que hacer introspección porque algo, muy importante, está fallando. Si se tiene miedo no se es libre, si no se es libre no se puede ser feliz y si una persona es incapaz de ser feliz por sí sola, tampoco lo será con alguien. Solo siendo libres podemos amar.
Libertad y amor, dos palabras, para mí íntimamente ligadas. Muchas personas creen que el amor resta libertad y yo siempre digo lo mismo, entonces no tienes claro cómo quieres que te amen y cómo amar.
El amor es un todo que encierra muchísimo. No es necesidad, no es dependencia, no es sometimiento, no son manifestaciones de celos, posesión, interés, dominación...
El amor se basa en el respeto, la sinceridad, la honestidad y el compromiso a largo plazo. Nada tiene que ver con las relaciones de "usar y tirar" basadas en la satisfacción inmediata y efímera, que perecen a la menor frustración o desencanto y de fácil y obligado reemplazo. Esto es lo in, lo que se lleva, lo que está de moda. Nada se arregla, todo se sustituye. Las personas no se esfuerzan, tienen una relación, la usan, la disfrutan y cuando se aburren, la historia se complica, tienen que hacer algún esfuerzo, etc, la tiran y se lanzan a una nueva.
"Hay un exceso de oferta, y has de aprovechar que la gente está de rebajas. Tienes tanto donde escoger, y es tan fácil, que sería de tontos y de perdedores no aprovechar la oferta de renovación y ponerse a trabajar en una relación para sacarla a flote o hacer que funcione."
Hay que tener los pies en la tierra pero saber volar, ser humanos, errar, porque todos erramos pero hay que saber sacar provecho de los errores, ver más allá de los comportamientos, darse oportunidades a uno mismo, crecerse ante la adversidad y buscar nuestro sitio y nuestro camino. Y cuando no lo encuentras, te apartas y no te enredas en historias sinsentido para matar el aburrimiento, entretenerte, inflarte el ego o autoengañarte. Buscar lo que se necesita sí, crearse necesidades, no.
Nadie necesita de otra persona para ser feliz, para disfrutar de una puesta de sol, de una buena comida o de un día inolvidable.
Estar solos, conocerse, saber lo que se quiere... Lleva su tiempo, su dolor y su proceso. Cada cual vive ese proceso a su modo, como le toca, en el momento que debe hacerlo y sin forzarse a nada. Y de pronto un día, después de tanta batalla, sin más, vuelves a no sólo saber dónde está tu propio norte, si no cómo llegar y querer llegar a él., aunque sus trópicos se inviertan. Tras ello siempre habrá momentos malos, "momentos de flaqueza" pero todo ser humano los tiene y eso no significa que te hayas perdido otra vez, es lógico sentir cierto desgaste, diría que el desgaste que supone ir a contracorriente, que tampoco debe ser así, porque es un esfuerzo inútil en el que sólo te dejarás las ganas por el camino. Basta con no dejarse arrastrar por ella.
Es extremadamente difícil movernos en el mundo en el que nos movemos y tratar de que tanta superficialidad, miedo y pasotismo no nos absorba y nos "alele" pero debemos ser consecuentes con nuestras creencias y vivir la vida que queremos vivir y no la que otros quieran, ya sea la sociedad, la familia, los amigos…
Siempre habrá mujeres que se arreglen porque les gusta arreglarse y hombres y mujeres que piensen que lo hacen por "gustar a otros". Igual que siempre habrá mujeres que salgan para divertirse y hombres y mujeres que pienses que "salen de caza".
Lo que piense cualquiera que no seas tú, sobra. Tú eres quien concede a unos u otros la importancia de sus opiniones y/o pensamientos. Tu vida, tus acciones, tus normas, tus amistades, tus relaciones, las decides tú.
No hay que menospreciarse a uno mismo en pro de otro o de la sociedad. Hay que tener ideas propias y ser políticamente incorrectos a favor de nuestra propia dignidad.
No sé ni cuántas veces he oído; "Es que me da pena, es que no sabe lo que quiere, es que si lo dejo... ¿Qué será de él?. Él no es así, se acabó la chispa."
El amor no es pena, al contrario, es admiración por la otra persona, una persona que te motiva a crecer aún más y a mejorar, porque en este camino de la vida nunca está todo hecho ni todo aprendido. La compasión es necesaria, pero no se ama a nadie por pena, se le compadece y punto. Si no sabe lo que quiere, pues que lo averigüe, nadie puede hacer esa tarea por otro, es competencia de uno mismo. ¿Qué será de él? pues lo que él quiera hacer de él, así de simple. La cuestión es, ¿qué será de ti?.
No hay mayor autoengaño que crearse una imagen de alguien que no corresponde a la realidad, negar la evidencia y mirar para otro lado, él es como es, fue como fue y será como quiera ser. Y lo de la chispa, lo de la chispa da para un post entero.
Hoy hay adioses sin adiós, silencios con palabras, amores que nunca se dieron pero se vivieron como perdidos e historias que nunca se escribieron pero se soñaron como ciertas. Errores, porque la posibilidad nunca es certeza.
domingo, 10 de julio de 2011
LA VERDAD
En honor a la verdad te diré que te quiero y en honor a ella también que te detesto.
Detesto tu momento, mi momento, nuestro momento.
Celebro haberte encontrado y al mismo tiempo lo lamento.
La verdad es que me duele quererte y por quererte me pierdo.
De verdad podría vaciarme y llenarme de nuevo, pero...
Para qué acercarme si luego te alejas, para qué alejarte si siempre regresas.
La verdad es que te amo pero no puedo, ni quiero.
De verdad sé que me amas, pero no vale, no basta.
Podría dejar de intentarlo y hacerlo. Pero...
Tú no te fías, yo desconfío.
Tú hablas, yo me callo.
Yo camino, tú corres.
Yo río, tú lloras.
Lo indeterminado e indefinido cobra cada vez más fuerza al tiempo que nos desgasta.
Me sorprende tu empeño, me asustan tus ganas.
Y en honor a la verdad, he de decir que no acaba.
En cinco minutos, pero...
Sé que soy capaz de más y la verdad es; que no quiero.
Puede haber un hoy, pero...
Se me olvidó...
Se me olvidó que estabas ahí. Se me olvidó que seguías existiendo.
Se me olvidaron las noches a tu lado, las mañanas a tu vera y los ronquidos insidiosos que no me dejaban dormir.
Se me olvidó que una vez me tocaste el alma, que en algún momento en esta vida tú y yo conectamos. Que te sentí mío, que me sentiste tuya. ¿O acaso nunca fue así?
Se me olvidaron los cadáveres de los minutos que deseché esperando, las horas que se clavaban como agujas en mi alma ante tu silencio. Las sombras que se alargaban en días interminables cuando no estaba contigo. Tu mano en la mía, tu sonrisa... Las miles de preguntas que querías hacerme y se te atragantaron.
Se me olvidaron las miradas que hacían que el mundo se detuviera ante nosotros. Las risas, los juegos...
Se me olvidó la sensación de tu pelo entre mis dedos, las cosquillas en tu espalda, las caricias en mi cuerpo...
Se me olvidaron los detalles de nuestra historia, la complicidad que nos unía, tu voz, tu aroma, tus gestos...
Se me olvidó aquel juego sin reglas que tú sólo inventaste.
Se me olvidaron las ganas que me invadían de salir corriendo. La duda en tus ojos, la desconfianza en pro del miedo.
Se me olvidaron las tristes noches de agonía que dejó tu ausencia, el luto inquebrantable con el que vestí mi alma y las lágrimas que ensuciaron un final incrédulo.
Se me olvidó olvidarte, y aún; te recuerdo.
viernes, 8 de julio de 2011
Gritar
Gritar para que me escuches, para que me entiendas, para que comprendas.
Gritar para que te marches, para alejarte, para que te vayas...
Gritar para olvidar, para que me olvides, para olvidarte...
Gritar para acabar con esto; que acaba contigo, que acaba conmigo...
No tengo voz y quiero gritar.
Me he quedado sin voz ante ti, ante tus palabras, ante tu silencio, ante tus mensajes, ante tus sentimientos...
No tengo boca y quiero gritar.
No tengo boca con la que besarte, con la que hablarte, con la que amarte...
No tengo fuerzas para gritar.
Me quedé sin fuerzas para extrañarte, para esperarte, para ti.
Tú sí gritas y yo; sólo quiero huir.
miércoles, 6 de julio de 2011
Ruido
Ruido estrepitoso. Ruido enloquecido. Ruido de palabras. Ruido de sonidos...
Ruido repetido. Ruido incomprendido. Ruido envenenado. Ruido y más ruido.
Ruido contagioso. Ruido peligroso. Ruido inolvidable. Extraño y puro ruido.
Ruido desgastado. Ruido convertido. Ruido acomplejado. Insatisfecho ruido.
Ruido pretencioso. Ruido sin sentido, ruido lamentable. Demasiado ruido.
Ruido que se hiere. Ruido por vencido. Ruido que se aleja. Derrotado ruido.
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