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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.

viernes, 30 de septiembre de 2011



Todo perece...
Se cierra con un sonoro portazo una puerta 
y se abre discreta una ventana.
Arde un sentimiento a quemarropa 
y graniza con ímpetu la calma.
Se esconde una lágrima, se libera una sonrisa.
Y aguarda siempre, paciente, la esperanza.


martes, 27 de septiembre de 2011

Un libro...






Había llegado el momento de liberar los estantes repletos de la librería que ocupaba gran parte del salón. Uno a uno, aquellos libros, fueron abandonando su sitio y despidiéndose de aquella casa, para  permanecer, por un tiempo, encerrando todas sus historias, moralejas, experiencias, sueños y vivencias, en una caja de cartón.  
El bailar de sus ojos entre los títulos hizo que se detuviera al tropezar con aquel viejo ejemplar que había dejado de tener presente. Sus manos se volvieron inquietas y tuvieron que secuestrarlo de forma inmediata de la librería. Allí estaban nuevamente, los dos; a solas. 
Se quedó inmóvil frente a él y acarició la cubierta con la yema de los dedos, leyó el título en voz alta y asomó a sus labios una profunda sonrisa. Suspiró. Los recuerdos se manifestaron estrepitosamente agitando su mente, eran tantos, que sabía de sobra que desfilarían uno a uno sin pausa en cuanto abriera aquellas tapas duras que lo encuadernaban. Bordeó con sus dedos las páginas amarillentas que se agolpaban en orden, su corazón enmudeció por un instante para recobrar la calma. 
Había pasado tanto tiempo... ¿Cuánto? Ni si quiera ella misma era capaz de contarlo. 
Inspiró y abrió su caja de Pandora. El aroma del papel, un perfume ya conocido para ella y que magicamente la transportó sin titubeos a otra dimensión, hizo que sintiera de un familiar placer henchirse el alma. Cerró los ojos, y al abrirlos, topó de frente con una dedicatoria en tinta negra como el carbón. 
Se dispuso a leerla una vez más como si fuera nueva para ella. ¿Cuántas veces la había leído? Aún era capaz de recitarla de memoria como si todas y cada una de aquellas palabras provinieran de su pluma. Lo cierto es que esas frases cariñosamente hiladas, eran suyas, pues a ella, iban dedicadas. Y volvió a adornar una sonrisa su semblante. Todavía, después de tantos años, seguía siendo un regalo para ella. Todavía, después de tantos años, era capaz de provocarle una profunda sonrisa en su ausencia.


sábado, 24 de septiembre de 2011

El mejor amigo del hombre








Hace tiempo que circula este  anuncio por la red: 
"Doy en adopción dos niños: uno de 14 y otro de 12 años. ¿La razón? porque voy a adoptar un perro y es alérgico a los niños; además me voy de vacaciones y no sé dónde dejarlos. 
¿Estás sorprendido? 
Cada día, docenas de anuncios son publicados en el sentido contrario y esto no le sorprende a casi nadie".

A diario estos animales agradecidos y llenos de cariño son vapuleados por quienes más quieren, a quienes muestran respeto y regalan amor sin pedir nada a cambio.
Quien no ama a un animal no sabe lo que es el amor de verdad, el incondicional, porque de un animal no recibes más que amor. Y ese amor que recibes es tan grande, tan fiel y comprometido, que te da grandes lecciones. Nunca haría lo que muchas personas sí.

Maltratar a un animal es condenarlo a estar atado a una correa en una terraza el resto de su vida con los metros justos para llegar al pienso o a un balde de agua siempre vacío. Es no atender sus necesidades. Es no proporcionarle la calidad de vida que merecen. Es no ser responsable con una vida, con una criatura que siente y padece, que llora cuando te vas de casa y se alegra cuando llegas. Es tirar con fuerza de una correa y hacerle daño. Es proporcionar una patada cuando no hace caso. Es no sacarlo a pasear, es olvidarte de que él sólo te tiene a ti y pasar día sí y día también fuera. Es abandonarlo después de vivir a su lado, como si te desprendieras de algo material, sin tener en cuenta que eres su familia, y que él, sí te ama de verdad. Es usarlo con fines lucrativos, traficar con su vida y la de sus cachorros. 

Si no estás preparado para darle lo mejor, simplemente no lo tengas. Un animal es un ser vivo, no una moda o un accesorio. Conlleva cuidados, cariño, esfuerzo, sacrificio y dedicación.

Un perro no busca grande coches, casas lujosas o ropa de diseñadores. Con agua y comida, estará bien. No les importa si eres pobre o rico, alto o bajo. ¡Dale un pedacito de tu corazón y él te dará el suyo íntegro!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Fe



Igual la fe es negarse a saber la verdad. Igual la fe, ese no ser conscientes realmente de lo que sucede, es lo que nos hace capaces muchas veces de mover montañas.


Puede que en este mundo en el que vivimos, donde nadie se detiene, donde los pequeños detalles pasan desapercibidos, donde los relojes aprietan, donde las relaciones terminan con ETS y la gente enferma de cáncer, puede que en este mundo, la única forma de vivir sea teniendo fe, una fe que consiste en ir dibujando con finos trazos de tinta el mundo que debería ser, el que queremos que sea. Donde las personas se confiesan con otras personas, donde impera el respeto, donde la gente se mira al espejo cada mañana y es capaz de reflejarse del mismo modo en los ojos de los demás.


Tal vez... Quizás...
Nunca nadie debería echarse de menos a sí mismo, vivir una vida sin uno mismo, cerrar los ojos y esperar a que todo pase, sino plantarle cara al viento si es necesario y ponerse su mejor gala para enfrentar lo que venga y vivir cada día sin sentirse enfermo ni prisionero. Siendo capaz de admitir que hay cura y queriendo ser curado.


Puede que lo mejor que pueda hacer alguien por ti, es ser feliz. Puede que esa felicidad que otros transmiten sea la clave de nuestra propia felicidad. Que los silencios digan más que las palabras y que los días vividos nos regalen las ganas de vivir más.


No se vive sin la fe. La fe es la fuerza de la vida y puede que haya más fe en una duda que en miles de creencias.


La fe implica un concepto de eventos o resultados futuros, y se utiliza a la inversa como una creencia no apoyada en una prueba lógica o evidencia material.


Yo sólo puedo definirla en tres palabras: Todo irá bien.

A fin de cuentas si perdemos la fe, lo perdemos todo... Porque la fe, es como la esperanza; un antiséptico del alma.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Con acento canario



Con un jilorio tremendo por el pelete que hacía, enchumbado hasta el cogote y con el pelo rebujado, me metí en un guachinche a jalar, de esos donde te sirven entullo, te enyugas, te pegas un buche de vino para que baje la beterrada, el bubango y las papitas guisadas con el cherne. Y si el mojo te pica en las bembas, nada mejor que una pelota de gofio de millo o un fisco de bizcochón para acabar abollado, tanto que, a veces, te arrojas.

Al llegar me encontré con una chocha que no veía desde hace fleje de tiempo y me tenía con la mosca detrás de la oreja. A punto estuve de virarme y plantarle el machango cuando me soltó que todo este tiempo se lo había pasado haciendo rosquetes, pachangas, truchas y frangollos para sacarse perras para la guagua y sus cosas. Le metí un pellizcón y le dije que sabía que era una novelera y que no me viniera con pufos que yo no era ningún totufo como el singuango del hermano. Como era de esperar, lo porfió todo.

Alegamos sin parar mientras nos jincamos una cuartita, un plato de cotufas y algo de pan bizcochado y queso. Me largó que se había trabado con un godo, después de haber acabado con el grifiento de su ex, que en el fondo era un guanajo. Me enseñó una foto que tenía de él en el móvil, me dio un jeito al virar el cuello para golifiarla y me quedé más jeringado al verle la jocica, pues era un guirre. La chicharrera empezó con relajos y yo me estaba arregostando cuando me di cuenta que si el penco de mi novia me trancaba allí escarranchado, me iba a meter una azotaina, así que me até las ligas de los tenis y me dejé de tanta machangada, tenía que salir por patas porque ya estaba medio petudo y tenía un papeo a la noche. Nos las ajeitamos para ir en la moto, aunque estaba chispeando, y la choni, como le pasó un folelé al lado, se metió un partigazo contra el piche. La acompañé hasta el chaplón y me fui enseguida porque había un guanchisley tocándome la pita.

Con tanto pastel se me fue el baifo y llegué tarde a recoger a la piba que me recibió en cholas, con un vestido canelo arrequintado que le marcaba las bañas, y con un par de zapatos que le quedaban chicos en la mano. Le pedí que no fuera arrastrada y que se dejara las cholas que hacía calufo, pero ella insistía en parecer un arretranco y antes que alcanzar una cuerada no le insistí más, eran sus ñames y si luego le fastidiaban los ñoños era cosa suya. Como siempre salió el cachanchán de su padre a saludarme con una cachetada que me dejó esmochado.

Llegamos y aquello estaba lleno de velillos, me dieron ganas de tirarle un berolo a más de uno y dejarlo cambado, pero el boncho valía la pena y estaba botado que lo pasaríamos bien con la parranda. La chafalmeja de mi exnovia estaba allí, así que a la piba le dio un yeyo, me metió un boquinazo toda coneja desde que la vio para marcar el terrero como si yo fuera un pajuato que no me estaba dando cuenta de sus bisnes. Así que desde que pude me piré, le busqué el despiste como en los cochitos locos y me fui a dar una vuelta. El sitio estaba guapo y adornado con un montón de cachivaches. Conocí a un cambuyonero y a su cáncamo y me eché las risas hasta que empezaron a pasar el escobillón para echarnos de allí.

La piba me esperaba fuera medio jareada porque se lo estaba pasando fule y quería arrancar la penca. Me recordó la chuletada que teníamos el domingo y que no me olvidara de los creyones y los boliches para que los chiquillos se entretuvieran y no dieran la lata. Se puso a alegarme para que estuviera allí como una puncha y no fuera gandul.


Llegué al chozo en un periquete, empenado como una puerta y engurruñado, pasé el fechillo y me tiré en la cama a leer un colorín para olvidarme de todo el tinglado hasta que me dejase dormir.