"Doy en adopción dos niños: uno de 14 y otro de 12 años. ¿La razón? porque voy a adoptar un perro y es alérgico a los niños; además me voy de vacaciones y no sé dónde dejarlos.
¿Estás sorprendido?
Cada día, docenas de anuncios son publicados en el sentido contrario y esto no le sorprende a casi nadie".
A diario estos animales agradecidos y llenos de cariño son vapuleados por quienes más quieren, a quienes muestran respeto y regalan amor sin pedir nada a cambio.
Quien no ama a un animal no sabe lo que es el amor de verdad, el incondicional, porque de un animal no recibes más que amor. Y ese amor que recibes es tan grande, tan fiel y comprometido, que te da grandes lecciones. Nunca haría lo que muchas personas sí.
Maltratar a un animal es condenarlo a estar atado a una correa en una terraza el resto de su vida con los metros justos para llegar al pienso o a un balde de agua siempre vacío. Es no atender sus necesidades. Es no proporcionarle la calidad de vida que merecen. Es no ser responsable con una vida, con una criatura que siente y padece, que llora cuando te vas de casa y se alegra cuando llegas. Es tirar con fuerza de una correa y hacerle daño. Es proporcionar una patada cuando no hace caso. Es no sacarlo a pasear, es olvidarte de que él sólo te tiene a ti y pasar día sí y día también fuera. Es abandonarlo después de vivir a su lado, como si te desprendieras de algo material, sin tener en cuenta que eres su familia, y que él, sí te ama de verdad. Es usarlo con fines lucrativos, traficar con su vida y la de sus cachorros.
Si no estás preparado para darle lo mejor, simplemente no lo tengas. Un animal es un ser vivo, no una moda o un accesorio. Conlleva cuidados, cariño, esfuerzo, sacrificio y dedicación.
Un perro no busca grande coches, casas lujosas o ropa de diseñadores. Con agua y comida, estará bien. No les importa si eres pobre o rico, alto o bajo. ¡Dale un pedacito de tu corazón y él te dará el suyo íntegro!

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