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jueves, 28 de julio de 2011

Y me voy, y me voy, y me voy...



No soy envidiosa y admiro a muy poquitas personas. En mi naturaleza no viene de serie aplicar razones al éxito ajeno como la suerte, los contactos, el famoso caballero Don Dinero... 

Entre esas personas dignas de mi total admiración, merece mi pleitesía la gente capaz de todo. Los que se lanzan a correr en la dirección opuesta a la multitud que los arrastra. Esas personas que parecen desoír los consejos de quedarse quietos, aguantar y deciden sin más, cambiar el rumbo. 
Es lógico, tiene sentido. Si algo no te gusta, cámbialo. Si no obtienes el resultado que deseas; no hagas siempre lo mismo.
Personas obstinadas que pese a "los tiempos que corren" se afanan en cumplir sus sueños y en poner en práctica las ideas que su mente inquieta no deja de transmitirles.
Personas capaces de montar una inmobiliaria y hacer que funcione en medio de la crisis. O hacer resurgir de la forma más chispeante una vieja librería que ya nadie visita, llenándola de encanto y haciendo que me tienten las ganas, muchas veces, de bajar en pijama y descalza a echar un vistazo entre sus estantes llenos de secretos. 
Personas que quieren irse y se van. 


Dicen que sólo es posible ser feliz en la ciudad en la que no se vive. Puede que esa frase tenga algo de razón, conozco a muchas personas dispuestas a firmar en cualquier sitio con tal de "perderse". Pero a muchas de esas personas lo único que les ocurre es que desean perderse de vista a sí mismas. También están las que se pasan la vida con la maleta hecha, el pasaporte en vigor, la puerta entreabierta y el teléfono del taxi entre las últimas llamadas. 


Hace unos días me encontré a un amigo por la calle, supe hace varios meses por su boca, que planeaba irse unos meses fuera, y mi pregunta fue: ¿No te has ido?
Le sorprendió gratamente, porque me confesó que lo único que oye cuando se tropieza con alguien que no ve desde hace tiempo es si ya ha vuelto y entonces él les pregunta que de dónde. 
Las personas que se están yendo son los que atribuyen sus buenos resultados al azar y no al hecho de haberse preparado a fondo para ello. Los que para coger una maleta y marcharse necesitan saber con exactitud cómo funciona la asistencia sanitaria e incluso, se obligan a aprender el idioma o las costumbres antes de poner un pie en tierras ajenas. Los que están con la maleta hecha y no se han ido, no se van nunca.



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