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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.

domingo, 10 de julio de 2011

Se me olvidó...





Se me olvidó que estabas ahí. Se me olvidó que seguías existiendo.
Se me olvidaron las noches a tu lado, las mañanas a tu vera y los ronquidos insidiosos que no me dejaban dormir.
Se me olvidó que una vez me tocaste el alma, que en algún momento en esta vida tú y yo conectamos. Que te sentí mío, que me sentiste tuya. ¿O acaso nunca fue así?
Se me olvidaron los cadáveres de los minutos que deseché esperando, las horas que se clavaban como agujas en mi alma ante tu silencio. Las sombras que se alargaban en días interminables cuando no estaba contigo. Tu mano en la mía, tu sonrisa... Las miles de preguntas que querías hacerme y se te atragantaron.
Se me olvidaron las miradas que hacían que el mundo se detuviera ante nosotros. Las risas, los juegos...
Se me olvidó la sensación de tu pelo entre mis dedos, las cosquillas en tu espalda, las caricias en mi cuerpo...
Se me olvidaron los detalles de nuestra historia, la complicidad que nos unía, tu voz, tu aroma, tus gestos...
Se me olvidó aquel juego sin reglas que tú sólo inventaste.
Se me olvidaron las ganas que me invadían de salir corriendo. La duda en tus ojos, la desconfianza en pro del miedo.
Se me olvidaron las tristes noches de agonía que dejó tu ausencia, el luto inquebrantable con el que vestí mi alma y las lágrimas que ensuciaron un final incrédulo.
Se me olvidó olvidarte, y aún; te recuerdo.



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