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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.

viernes, 17 de junio de 2011

Viento




Un viento suave, una leve brisa que despierta tras los fulgores del amanecer y que apenas hace que se muevan las hojas. Pasea, simplemente pasea con ritmo sigiloso entre las calles. Refresca los sentidos y yace sereno al pie de las aceras. Pasa desapercibido entre los transeúntes. Nadie habla de él. No es el protagonista del día, tampoco lo fue de la noche. Pero ante la ausencia de su leve silbido, lo echan en falta e imploran su presencia, que no llega, que tarda...

Se enfada, y sus ráfagas hacen acto de presencia sin previo aviso. Su sonido estalla y rompe con la tranquilidad de un sólo golpe y asusta a su paso. Hace que las copas de los árboles se doblen tanto que impresione al verlo. Que mi pelo se enmarañe mientras mis dedos tratan de sujetarlo sin tino.  Ese viento que todo lo puede, que arrastra a su paso todo lo que toca. Que corre impaciente, que grita: "¡Estoy aquí!".


Viento indomable que por más que te esfuerces, jamás puedes apresar, jamás consigues doblegar, jamás logras reducir.

Eternamente libre.

Espíritu rebelde.

Ingobernable, inapresable.

Intangible y a la par poderoso.

Invisible y a la vez presente en todas partes.

Nada puede someterlo.

La rebeldía; su naturaleza, el carácter; su esencia.

¡Quién fuera viento!



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