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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.

jueves, 2 de junio de 2011

Soy lo que soy





Soy lo que digo, lo que pienso, lo que sueño, lo que me gusta, lo que me disgusta, lo que quiero, a quien quiero, a quien no quiero.


Detesto la altanería, la soberbia, a quienes se creen en posesión de la verdad absoluta. Lamento las injusticias, me irrita la prepotencia.


Me río de mí misma, con mis amigos y sonrío cuando algo o alguien me provoca una sonrisa. No regalo mi tiempo y cuido mucho a qué y a quién se lo dedico.


Soy mis aciertos, mis tropiezos, mis enfados, mis alegrías, mis penas, mis glorias, mi presente, mi pasado.


Soy contradicción en estado puro. Me encanta envolver regalos, los envoltorios bien hechos, llenos de detalles, el papel plegado que busca un adorno, pero sin embargo, sé que lo realmente importante no es eso. Soy valiente y cobarde. Puedo escalar la montaña más alta y sin embargo saltar de pánico ante un insecto desagradable. Capaz de muchas cosas, incapaz de muy pocas.


Adoro mi espacio, mi libertad, mi soledad, mis momentos. No permito que nada ni nadie marque mis ritmos, en qué o quiénes invierto mi tiempo.


No me halagan los piropos, no me compran los regalos. No me doy por aludida si no me aluden directamente, no soy sutil, soy directa.


Aborrezco las definiciones, pues tratan de encerrar mucho en pocas palabras y todo lo que suponga encerrar, me agobia. No mido las palabras y no me gusta que midan las mías. Me indignan las personas que las utilizan fuera de contexto para echarlas en cara, para desprenderlas de su significado y hacer que vuelen sin sentido en medio de un huracán.


Critico a los míos a la cara y los defiendo con uñas y dientes a las espaldas.
No cedo cuando alguien se obceca. Agradezco un consejo, valoro la sinceridad y la honestidad pero no tolero que me den lecciones.


Toco el piano, leo mucho, escribo, me encanta viajar, pasear con mi perro... Soy en lo que invierto mi tiempo.


Me asusta el mero sonido del mar agitado de noche, la espuma de las olas en la arena cuando el cielo queda cubierto por un manto negro. Los caminos oscuros que no sé a dónde me llevan y las copas de los árboles tan altos y frondosos que no me permiten ver el cielo.


No juzgo, no sentencio, no condeno. Aún sigo creyendo en la humanidad, en las personas, en las buenas intenciones, en la inocencia...


No llevo a cuestas un saquito de reproches, si perdono olvido y si olvido no recuerdo.


Prefiero un abrazo a una larga conversación, mirar a los ojos que entregar palabras, escribir a hablar, pasear a correr, vivir...


Me gusta pasar inadvertida, me inquieta quien pretende llamar la atención.
No soporto la mentira, la falsedad, la hipocresía. Las personas que se creen todo lo que les cuentan, que jamás conceden el beneficio de la duda, que emiten juicios de valor y se entregan a las habladurías.


Me gusta ir a mi aire. No soporto la dependencia. 


Soy feliz por mí misma, mi felicidad no está en manos de nada ni de nadie. No necesito accesorios para llevar una vida mejor, no preciso de extras lujosos para sonreír. 


Compadezco a quien miente a los demás porque en realidad se miente a sí mismo. 


Temo al cobarde y al mediocre pues es a quien su ineptitud le lleva a jugar sucio.


Soy lo que hago, cuanto deshago, lo que admiro, a quien admiro.


Soy como soy y soy lo que soy.



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