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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.
martes, 31 de mayo de 2011
Sillas vacías
Una silla vacía que grita una ausencia. Alguien que liberó un sentimiento, que arrancó otro, que perdió muchos, que encontró algunos nuevos, que se rindió ante algo, que luchó por alguien, que arrastró a personas, que enjugó una lágrima.
Risas, sonrisas, alegrías, reencuentros y una silla vacía; tu silla vacía. A mi vera tu ausencia, y en compañía, la triste presencia de los recuerdos.
El deseo de compartir ese momento como tantos otros en un pasado. Las ganas y las ansias de relatarlo detalle a detalle haciéndote partícipe de todo. Un todo que ya es nada y una nada que lo envuelve todo.
Te lloro, lloro tu silla vacía, lloro el son y serán, el final.
Aún lloro, seguiré llorando y a veces creo que no lloré lo suficiente. Tal vez nunca sea suficiente, probablemente, jamás algo tan bonito vuelva a darse. Puede que los días pasen, pasen las semanas, los meses, pero no pasan los instantes a tu lado, las palabritas mágicas que se grabaron para siempre. Que no se esfume la brisa que acariciaba el instante en que gritamos al mundo la firme promesa de ser libres.
Fuiste, eres y serás. Estuviste ocupando una silla mucho tiempo, una silla que se evidenció vacía por primera vez ante mis ojos. Será siempre una silla vacía en esos momentos, pero hay otros en los que me reconforta saber que aunque tu silla esté vacía y tu nombre se agite con la sonora pregunta, eres y serás alguien a quien he querido en mi vida.
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