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sábado, 14 de mayo de 2011

Con los tacones en la mano

Este post va dedicado especialmente a Lucía.




A veces en la vida hay que quitarse los tacones para poder caminar, para que la fina aguja que los alza no se ancle entre los adoquines de algunas calles y podamos llegar sin problemas a donde queremos. 
Sí, es cierto, a veces hay que llevar los tacones en la mano. 
Quitarse los tacones implica desprenderse de algo que nos impide ir al ritmo que deseamos. Que no nos permite correr o marcar el paso como quisiéramos. Supone liberarse, aceptar que no se puede andar con ellos y tomar la sabia decisión de ser menos alta por un momento y ensuciarse los pies caminando descalza.
Muchas veces es necesario hacerlo y sentir el tacto del suelo, unas veces agradable y otras no tanto.

A veces nos equivocamos de tacones y elegimos unos poco adecuados para andar un largo camino, y ante un decisión poco acertada, hay que hacer acopio de valentía y asumir que no podemos andar más con ellos y llevarlos en la mano.

Incluso los tacones más cómodos y bonitos pueden convertirse en unos tacones insoportables para unos pies cansados de tanto andar o pueden desgastarse tanto por el paso del tiempo que haya que tirarlos en el contenedor más próximo y andar descalza hasta la próxima zapatería. 

Puede que perdamos una tapa y tengamos que cojear un poco hasta repararlos o que sean tan incómodos que nos provoquen alguna herida. Pero las heridas curan y algunas, ayudan a que los pies se adapten y los próximos tacones hagan menos daño. ¡Es lo que tiene andar con tacones! 

Llevarlos en la mano puede hacernos sentir vulnerables, inapropiadas y fuera de lugar. Puede provocar que nos miren raro, tener la sensación de que nos señalan con el dedo cuando no es cierto y en algún momento, hasta puede que sintamos la equívoca necesidad de volvérnoslos a poner.
Pero como todo, puede ser o convertirse en una situación maravillosa de la que saber disfrutar. No todas las personas son capaces de caminar con los tacones en la mano. No todas las personas saben hacer de esa experiencia algo enriquecedor. No todo el mundo está dispuesto a ensuciarse los pies. No todo el mundo lo hace en plena calle. No todo el mundo sabe cuándo y cómo quitarse los tacones.
Hay que quitarse los tacones cuando la situación así lo requiere pero eso no significa que aunque estemos en medio de una playa, no estemos atentos al suelo y dejemos de mirar por donde pisamos. Pues si nuestros pies son demasiado valiosos como para aguantar unos tacones insufribles, también lo son para que olvidemos que vamos descalzos y desprotegidos.

¡Con su riesgo y sus implicaciones andar con los tacones en la mano es necesario y no hay nada como sentir el suelo por donde pisas!



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