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martes, 30 de agosto de 2011

El príncipe azul



Y si el príncipe azul no hubiera aparecido galopando en su caballo... Si no hubiera existido un beso que despertara a la Bella durmiente... ¿Se habría quedado dormida para siempre? ¿Habría dormido Blancanieves eternamente? ¿O se habría despertado, escupido la manzana envenenada, remangado sus ropajes, buscado un trabajo, un piso coqueto y contratado un seguro que cubriera su futura inseminación? ¿Habría llegado a morder la manzana o su bagaje e intuición lo habrían evitado? ¿Se habría adelantado a los hechos y contaría con la pócima mágica para despertarse del eterno sueño o habría dejado su vida en manos del príncipe azul?
Un mundo aparentemente preparado para que las mujeres podamos "existir" sin los hombres. Donde supuestamente podemos alcanzar altos cargos equiparados en salario y reconocimiento. Donde podemos comprar o alquilar un inmueble sin que la casera piense que hemos perdido la cabeza. Donde podemos ser madres sin un semental a nuestra vera. 
Un mundo ideado para que no nos afecte "la carencia" de estar solas. 

La realidad es esta.
Si un hombre es espontáneo y tiene un gesto audaz, es romántico. Si lo hace una mujer, está desesperada.
Un hombre progresa sin que nadie cuestione nada. Si una mujer lo hace, es trepa, se tira a alguien o son sus propios jefes quienes sacan a relucir una especie de estigma; la maternidad.
¿El príncipe azul es el culpable de ese "estancamiento"? ¿Es posible que las mujeres avancemos y tengamos el futuro que deseamos tener, siendo tan presente en esta sociedad, ese cuento del príncipe azul?

¿Y qué hay del príncipe azul? ¿Acaso basa su vida en rescatar a una damisela en apuros?
¿Es perfecto? ¿Y qué o quién dicta lo que implica o significa la perfección? Se supone que es el correcto, pero ¿sabe alguien en realidad quien es el correcto? ¿Y cómo lo sabes? ¿Hay señales, fuegos artificiales, galletas de la suerte en las que lees el mensaje? ¿Cómo saber quién es el correcto para ti? ¿Cómo identificar a ese príncipe azul? ¿Lo identificas porque estás cómoda, o esa comodidad demuestra que no hay fuegos artificiales?. Si titubeas cuando te pide matrimonio... ¿No es el adecuado? ¿Es ese titubeo una muestra de lo impresionante que es para ti y lo ansiosa que estás por compartir el resto de tu vida a su lado? ¿Es temor al compromiso? ¿Es necesario el compromiso?.

¿El príncipe azul entiende que trabajes y que después de un duro día te apetezca tomar algo con tus amigos en lugar de volver a casa? ¿Acepta los espacios o es codependiente? ¿Sabe que la relación más emocionante, difícil y significativa de todas es la que se tiene con uno mismo? ¿Puede querer un final distinto al fueron felices y comieron perdices? ¿Es posible no casarse con el príncipe azul sin que se sienta despreciado y cambiar el menú declarándote vegetariana?
¿Se puede ser infeliz junto a él? ¿Es posible no amar al príncipe azul, al perfecto, al correcto? ¿Sería éste capaz de pedirnos que renunciáramos a una parte de nosotras mismas para construir algo juntos?

No se debería tener que sacrificar quien se es solo porque otra persona tenga un problema con ello. Quizá algunas mujeres no estemos hechas para ser "damiselas en apuros". Quizá solo necesitamos correr libres hasta que encontremos a alguien igual de salvaje que corra con nosotras. Tal vez, todos esos cuentos deban rescribirse: "él no la rescató y ella no era tan lerda como para dejarse engañar o esperar que un príncipe enmendara sus errores, la liberase del dragón, solucionase sus problemas, pues ella era capaz de solucionarlos solita". Tal vez el verdadero final de esos cuentos deba ser un: "Y ya eran felices por sí mismos antes de conocerse, pero al hacerlo compartieron esa felicidad, él no la rescató, ni ella necesitaba que lo hiciera. Celebraron haberse conocido y compraron una thermomix".




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