Welcome!

Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.

sábado, 1 de octubre de 2011

Crecer o perecer.



Cambiar, renovarse, crecer. Reciclar ideas, pensamientos, actualizar una base de archivos infinita y mandar a la papelera todo lo que no sirve. El cambio está en uno mismo, empieza por uno mismo y se proyecta a nuestro alrededor. El cambio es ley de vida, el cambio, en sí, es vida.
Las personas cambian cuando son conscientes del potencial que tienen para hacerlo. Pero nadie puede invertir su tiempo inútilmente en cambiar a otros. 
La libertad conlleva no ser esclavos de nuestra propia identidad. Y cuando surge una oportunidad de cambio; hay que cambiar.
Todo cambia, nada es.
No hay mismas situaciones, segundas oportunidades. Porque nada es estático, nosotros cambiamos y cambia nuestra forma de ver las cosas, de sentirlas, de vivirlas, de asimilarlas. Todo cambio comporta cierta melancolía, dejar atrás. Vaciarse para llenarse nuevamente. Temer el cambio, es temer a la vida, porque la vida es cambio. Un cambio prepara otro, y éste a su vez otro y así continuamente. El cambio del cambio.
Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el maravilloso desafío de cambiarnos a nosotros mismos.

Todo fluye, nada se estanca. Se estanca quien quiere hacerlo y no es capaz de aprender, mejorar y crecer.
La no permanencia, lo no estático. 
Cuando una transformación se realiza, trae siempre consigo un cambio gradual en las ideas. Cuando se transforma el pensamiento, cambiamos. Transformarse para renovar la mente, renovar la mente para transformarse.

Buscar justificaciones para todo anclados en la queja nos lleva a alejarnos realmente de lo que queremos por nosotros mismos.
Si crees que puedes o crees que no puedes, estás en lo cierto. Solo cambia quien quiere hacerlo, y todo cambia, cuando lo hacemos. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario