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Eres lo que escribes, eres como escribes. Y lo que copias, es lo que te gustaría ser.
sábado, 22 de octubre de 2011
Soñar
Se puede soñar con los ojos abiertos y también con los ojos cerrados.
Lo importante es soñar. Cuando soñamos abrimos la puerta inconscientemente a otra dimensión, una dimensión etérea, incorpórea, mística. Un mundo de ilusión, un mundo de momentos robados al tiempo, momentos que se nos escapan entre los dedos como la fina arena de una playa paradisíaca, momentos que se evaporan incontrolablemente en cuanto abrimos los ojos y nos despertamos.
Soñamos y soñamos que soñamos.
Soñamos en pasado, en presente y en futuro. Somos capaces de volver atrás en el tiempo o adelantarnos a él. Adquirimos sorprendentes super poderes o se merman nuestras fuerzas. Queremos correr y vamos muy lentos, queremos gritar y no nos sale la voz. Sueños incompletos, contradictorios, inconexos, sueños que hay que descifrar, que carecen de coherencia. Y tras ellos queda una dulce o amarga sensación que te acompaña.
Sueños con los que ríes, sonríes, recuerdas, abrazas, amas, te aman... Y en el mismo lugar en el que habitan, existen también los sueños que nos sientan mal, de difícil digestión, que nos arrancan las lágrimas, que nos arrebatan la calma. Sueños insidiosos que se repiten una y otra vez. Sueños que nos regalan una sensación de mensaje no finalizado y horripilantes pesadillas que nos hacen abrir los ojos bruscamente deseando desprendernos del empacho que nos ha causado. Nos remueven, nos sacuden, nos hacen vomitar vivencias que se nos han atragantado y no salen para fuera, sino que siguen ahí, en tierra de nadie, deseosas de ser liberadas.
También se puede soñar despierto, con los ojos abiertos. Hay quien piensa que es una forma de perder el tiempo, pues el día se debe vivir y la noche se debe soñar pero como en casi todo, la clave está en el equilibrio.
Hay una frase que se me quedó grabada hace mucho tiempo:
"Si has construído un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debe estar. Ahora, construye los cimientos debajo de él"
Nuestros sueños conscientes visualizan objetivos, crean ilusiones, alimentan las esperanzas. ¡Qué sería de nosotros si dejáramos de soñar...! La posibilidad de hacer realidad un sueño es uno de los tantos alicientes de la vida. El poder tocarlo, sentirlo, vivirlo, hace que brille con una fuerza sin mesura la ilusión. Si no somos capaces de soñar; no somos capaces de hacer.
Cuando perdemos un sueño, perdemos una parte de nosotros mismos, pero para que éstos no se pierdan y se cumplan, no hay que olvidar estar despiertos.
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